Fotógrafa, gestora socioambiental y fundadora de Cultiva Ciudad
El primer gesto fue pequeño: una lechuga creciendo en la ventana de su departamento. Pero ese gesto abrió una pregunta que no la ha soltado desde entonces: ¿cómo reconectar a las personas con la tierra en medio de la ciudad? ¿Cómo regenerar espacios urbanos sin perder lo humano?
Gabriela instaló huertos escolares y desarrolló programas educativos que integraban el currículo académico con el cuidado de la tierra como un laboratorio vivo. Ahí entendió algo que hoy sigue guiando su trabajo: cuando se cultiva un huerto, cambia la relación con el entorno y entre las personas.
En 2012 fundó Cultiva Ciudad, un modelo híbrido entre empresa social y asociación civil que diseña, instala y acompaña proyectos de agricultura urbana en espacios públicos, escuelas, universidades, hospitales, empresas y comunidades. Proyectos como el Huerto Tlatelolco, el Huerto Romita o el Vivero Reforma son ejemplo de cómo un espacio abandonado puede convertirse en un lugar vivo.
Para Gabriela, la sostenibilidad no es una etiqueta, es una práctica cotidiana. En Cultiva Ciudad se trabaja desde la agroecología, la composta comunitaria, el cierre de ciclos, la producción local de alimentos y la educación ambiental. En sus palabras: “la sostenibilidad ensucia las manos”.
Lo que más la mueve hoy es acompañar procesos donde el cultivo de alimentos genera comunidad, aprendizaje, cuidado y sentido de pertenencia. Su visión es clara: que la agricultura urbana sea reconocida como infraestructura básica de las ciudades; espacios vivos que fortalecen el tejido social y devuelven a las personas la capacidad de cuidar su entorno.
Gabriela forma parte de Chinampa Mx porque comparte una convicción profunda: los cambios duraderos se construyen desde lo cotidiano, lo colectivo y el cuidado mutuo. Para ella, sembrar sigue siendo un acto político, amoroso y profundamente humano.